Foto ilustrativa |
Por Juanchi Guerra
A dos fechas de terminar la Rueda Clasificación del Torneo de la D en 1976, dónde ya nos encontrábamos clasificados, tuvimos que viajar a Cañuelas. En esa época no había autopista. Para hacer el viaje más rápido salíamos de la Sede Social (antes hacíamos eso). Algunos dirigentes llegamos tempranito para preparar la vianda. Estábamos junto al gran Chengo Martínez, el tesorero Roberto Cambón, Luisito Viegas, Chocho Guirotane y Roberto Berdú.
En ese lugar subían los jugadores de Ensenada y Berisso (de ahí llegaban Pedrito Kondratzky y Norberto París). El micro también era de Berisso, lo manejaba el dueño, el señor Testa, un italiano muy amable que siempre nos contaba algunos chistes y la muchachada siempre feliz. Rumbo a La Plata, la única parada era la histórica esquina de 7 y 32 (desde que ingresó a AFA salía de ahí). La mayoría de los jugadores eran de esa zona y también nosotros llevábamos al periodista del diario El Día, el amigo Carlitos Fanjul, que venía a todos los partidos de local y visitante. Siempre con el buen humor que lo caracterizaba, se sentaba en los últimos asientos, rodeado de los jugadores y también del gran Eduardo Bocha Flores, que se prendía en la ronda de mate y cartas.Así se llegó a Cañuelas cerca de las 13. Nos presentamos en
esa cancha, era la segunda vez que jugábamos. El día anterior había llovido
mucho pero eso no importó. El partido fue bueno. Defensores estaba clasificado
para la Rueda Final y terminó empatado en dos tantos.
Ya cambiados los jugadores, y de vuelta en el micro,
veníamos todos charlando y comentado el partido cuando de repente de atrás
alguien no sé quién gritó fuego. El señor Testa miró por el espejo y no tuvo
ninguna reacción. Ahí comenzó algo tragicómico. Carlitos Fanjul, con sus
muletas a cuesta, de la frenada del colectivo, llegó adelante de todo. Volaron
los papeles, las cartas. El chofer se quedó pegado al volante y no tenía
reacción. Todos queríamos salir. El Tinga Flores y quién les comenta estábamos
en el asiento de adelante y se nos hacía difícil abrir la puerta por los
nervios. Algunos jugadores salieron por las ventanillas. Me acuerdo la imagen
del tesorero Roberto Cambón, que tampoco se movió del asiento. En unos minutos
todos estábamos abajo del micro, que se seguía incendiado. Eran como las 8 de la
noche y en la ruta nadie quería levantarnos. No teníamos como comunicarnos con
los directivos que no viajaron. Por ahí el gran Chocho se le paró a un camión
de ganado y pidió por favor que nos acercara a la ciudad de La Plata. El pudo
lograrlo. Mandamos a Chengo Martínez y Carlitos Fanjul adelante y todos
nosotros viajamos en el camión, que en ese momento no llevaba ningún animal
atrás. Todos preocupados pero contentos que alguien nos pudo acercar a la
ciudad. Ahí Guirotane se comunicó con el presidente Rubén Roselot y a eso de las
22 varios dirigentes llegaron en sus autos y nos socorrieron. Esto fue contado
como una anécdota justo en un año muy difícil para el país como lo fue en 1976.
El chofer del micro se quedó en el medio del campo hasta la madrugada dónde algunos
compañeros lo fueron a buscar y remolcar su micro. Ese día todavía me queda en
mi recuerdo y en la delegación que participó del partido.